¡Hola weirdos mías! Si, aquí estoy de nuevo para daros una buena noticia. Voy a continuar el fic. Lo siguiente, es que os debo disculpas. Os he hecho esperar demasiado por mi elección, aún ya sabiendolo de hace días. Pero es que un rayo de imaginación me ilumino haciendo que escribiera dos caps del tiron y que planificara todo el fic hasta el final. Aunque eso tampoco es una excusa. Por último, quiero dedicarle este capitulo a vosotras, mis lectoras, porque sois las que me animais a continuar a seguir con la historia, y en especial a las diecisiete personas que en la entrada anterior, me ayudaron a decidirme. Muchas gracias :) Ahora, os dejo un capitulo nuevo. Disfrutarlo :3
¡Un beso, os quiero weirdos! <3
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18/10/2008 Londres, Inglaterra
Un día soleado y acalorado amanece en Londres, algo raro para las fechas que son. Abro la ventana para observar cómo transcurre el día fuera del hospital. Parece ser tranquilo.
Respiro hondo con una sonrisa en el rostro. Una semana después de que Dougie despertara, le han dado el alta. Por fin saldremos de aquí. Por fin se acabó esa impotencia que me comía por dentro día a día, tras no poder hacer nada. Ese miedo a perderle que se apoderaba de mí cada vez que le veía. Por fin todo será como debe ser, normal. Por fin podemos empezar a ser felices… juntos.
Unos brazos rodean mi cintura delicadamente, atrayéndome hacia su cuerpo. Sus labios se posan en mi hombro, y suben hacía mi cuello cariñosamente, haciéndome sentir en otro mundo. Me giro antes de que los besos lleguen a más, y me estrecha entre sus brazos sin dejarme escapar. Sonrío.
-¿Sabes que tenemos que marcharnos a la una y media, y es la una? –pregunto mirándole divertida.
-Uff… Media hora. –se queda pensativo unos escasos segundos-¿Sabes que en menos puedo hacerte disfrutar como nunca?
Me sonrojo, notando calor sobre mis mejillas, haciendo que se tornen rojizas. A continuación, aparto mi mirada de la suya, avergonzada.
-Mira que eres tonto… -susurro- No lo decida por eso.
-¿Entonces…?
-Sabes perfectamente porque lo digo, Doug.
Se queda pensativo. Sé que no le gusta la idea que se me ha ocurrido, porque tendremos que fingir unos días. Pero tanto él y como yo sabíamos que engañarlos sería divertido.
13/10/2008 Londres, Inglaterra
-Nos alegramos mucho de que por fin hayas despertado, tío.
Y presencio un abrazo McFLY. Los cuatro con una sonrisa en sus rostros. Los cuatro felices. Los cuatro juntos. Tal gesto me conmueve, consiguiendo que una lágrima salga de mis ojos. Me acerco a ellos y me uno al abrazo, en el que los chicos me acogen bien.
-Uff, es tan emocionante… ¡Esta bien! –dice Tom y nos abraza más fuerte.
-¡Ay, Tom! ¡No le abraces tan fuerte, que me lo vas a matar! –digo riendo, antes de quedarme sin aire.
Y automáticamente Harry, Danny y Tom me sueltan sorprendidos.
-¿Qué has dicho? –pregunta Harry para asegurarse de que ha oído bien lo que he dicho.
-Q-que… Que le puedes hacer daño. –susurro.
Esta vez, cuatro miradas se posan en mí. Pero una de ellas es la que más me importa en este momento. La que se ha vuelto nublada, la que contiene decepción y cierto aire de incredulidad. Para resumir, dolor.
-Pero si has dicho que te lo íbamos a matar. –ríe Danny.
-Que no, que no… Oiríais mal. –digo para que intenten olvidar lo que he dicho.
Pero a cada palabra que digo negando lo que siento, a Dougie le llegan como puñales en la espalda. Miro a mi novio, el cual aparta la mirada de mí, y agacha la cabeza para no mirar a ninguno.
-Jo, y yo pensé que ya había pasado algo… -susurra Danny desilusionado mientras nos mira.
Y esas simples palabras, fueron la gota que colmo el vaso.
-Chicos, salir un momento, por favor. –ordena Dougie sin que nadie se lo espere.
Los chicos le hacen caso, algo extrañados. Probablemente, preguntándose que ha pasado para que este tan serio. Yo hago ademán de irme fuera de la habitación, pero algo lo impide.
-Tú sí que no te vas. –dice serio. Me giro lentamente y le miro- ¿Qué pasa?
Agacho la cabeza, sintiéndome culpable de lo que acabo de hacer. Me acerco hasta su camilla lentamente, y me siento a su lado sin mirarle.
-¿Acaso no me… quieres? –pregunta con la voz temblorosa mirándome.
-¡No digas tonterías! –grito sorprendiéndome hasta a mi misma- Si… si te quiero, Dougie.
-¿Entonces qué ha sido eso?
-No… no sé. –respondo. Y es verdad, ni yo misma se porque he reaccionado así.
-Ya… Claro. –dice y aparta su mirada de mi.
-Te lo digo enserio. Dougie, yo te quiero, pero no sé que me ha pasado…
-Yo si sé que te ha pasado. –me mira, consiguiendo intimidarme y que deje la mirada perdida en otro lado de la habitación.
-¿El qué?
-Tienes miedo por el que dirán. –supone- O es eso, o que te da vergüenza salir conmigo, ese gilipollas que en vez de hacerte feliz, te hizo daño.
-¿¡Qué dices!? –exclamo sin creerme ninguna de las palabras que acaban de salir por su boca- Dougie, enserio, no tengo ni miedo ni vergüenza. Tampoco me importa lo que piensen los demás. Y en cuanto a lo de que eres un gilipollas que me hizo daño…
Los dos nos miramos instantáneamente. Él lleno de curiosidad, esperando a que acabe la frase. Yo observándole y pensando que por fin la vida me sonreía.
-Sí, tienes razón. Fuiste un gilipollas y me hiciste daño. Pero… -aproximo mi cara a la suya, viendo como en su semblante se va formando aquella sonrisa que me hace ver la vida de color de rosa- eres el gilipollas al que más he amado en la vida.
Cuando me doy cuenta, sus labios me regalan un magnífico beso, el cual significaba que ya no le importaba lo que hubiera sucedido y que pasara lo que pasara, todo seguiría igual.
-Y ahora mismo salgo y grito a los cuatro vientos que te quiero y estoy contigo.
Digo consiguiendo otra sonrisa suya, aunque con algo que no me esperaba:
-Vale, hazlo.
Dos palabras que me dejan en shock. Esperaba que me dijera ‘‘No cariño, se lo decimos los dos’’ o algo por el estilo. Sin embargo, acepto antes de que se forme la Tercera Guerra Mundial en esta habitación.
Sonrió, mientras Dougie me devuelve la sonrisa. Luego, me levanto de la cama, notando que a cada paso que doy, los nervios me van a más. Una vez enfrente de la puerta, vuelvo la mirada atrás. Mi novio me mira sonriente, a lo que sonrió de lado. A continuación, poso la mirada y mi mano sobre el pomo de la puerta. Lo giro lentamente y…
-Joder, menudos los gritos que dan los jodios. ¡Ni que fueran una parejita! –oigo decir al pecas.
-Tú tranquilo, que no tardarán ni dos días en serlo.
-Harry tiene razón… Son perfectos el uno para el otro. –esta vez es Míster Hoyuelo quien habla.
-O pueden que tarden más… Quién sabe. –insinúa Danny con su característica sonrisa.
-¿A que te refieres con eso? –preguntan Tom y Harry al unisonó.
-Que apuesto que los enanos empiezan a salir dentro de… doce días. –especifica Danny.
-No… Yo creo que en dos semanas. –medita Harry.
-Pues yo creo que en seis días están saliendo por la puerta del hospital de la mano.
-Chicos… ¿Estáis pensando lo mismo que yo? –pregunta Dann.
Se hacen segundos de silencio entre las tres personas que están al otro lado de la puerta, el tiempo en el que aguanto las ganas de salir a partirle la cara a cada uno de ellos.
-Oh, claro que sí. –ríe Harry y choca las cinco con Danny.
-Jope chicos, ¿cómo sois capaces de hacerles esto?
-Tom, cariño. Tú también has apostado cuanto tardarían. –le recuerda el pecoso.
-Es verdad. –dice este pensativo.
-Entonces… ¿Apuesta? –pregunta Danny mirando a los presentes, a la vez que estira su brazo para que su mano este el centro de los tres.
La mano de Harry se posa encima de la de Danny, a la vez que los dos ríen. Seguidamente, estos miran a Tom, que rendido, posa su mano sobre la del pecoso y sobre la del musculitos. Todos sonríen menos Tom, y alzan sus manos, de manera que han pactado cumplir la apuesta.
-¿Y cuanto apostamos? –pregunta Harry.
-Veinte libras. –responde Danny- No os penséis que me voy a gastar mucho más en la apuesta sobre estos dos.
Encima de apostar, gilipollas.
-Pues veinte libras. –concluye Tom- Ahora como se enteren…
Y sin aviso previo, el roce de unos labios junto al lóbulo de mi oreja hace que me estremezca y que pierda el hilo de la conversación. Pero ya daba igual, sabía la información suficiente para jugársela.
-¿Pasa algo? –pregunta Dougie colocando un mechón de pelo detrás de mi oreja.
-Si tú supieras… –susurro y me separo de él, volviendo a sentarme en la cama.
-Eh, ¿estás bien? –regresa a mi lado y me acaricia la mejilla.
-Sí, sí. –me quedo callada un momento y por arte de magia, se enciende una bombilla en mi cerebro- Cielo, ¿puedo preguntarte algo? –y asiente- ¿Te importaría que fingiéramos que no somos novios durante dos semanas?
-O sea, que ya sabes… -finalizo.
Intento separarlo de mí, pero es tarea imposible. Tiene más fuerza que yo.
-Sí, pero... –coge mi barbilla delicadamente, forzándome a que le mire. Una sonrisa divertida asoma por su cara- tenemos tiempo para nosotros antes de fingir…
Me empuja hacia el pequeño sofá que allí se encuentra y sonríe travieso. A continuación, roza sus labios contra mi cuello.
-Dougie, que no… –le digo entre algún gemido que otro para que pare.
-No pienso… parar… -responde dándole pequeños mordiscos a mi cuello.
-¡Que pares! –y le empujo tan fuerte que cae del sofá- ¿Te lo tengo que decir en otro idioma?
Dougie se incorpora y me lanza una mirada asesina. Luego, se levanta sin apartar la mirada de mí.
-Estamos en un hospital, no en nuestra casa. Y tampoco quiero que nuestra primera vez sea aquí… - nos quedamos callados unos segundos y continuo- Además, ¿quieres que nos pille Danny? –le recuerdo.
-No, pero…
-¿Pero qué? –le interrumpo mientras me levanto.
-Que quiero disfrutar de ti cada minuto del día. –responde.
Tras esas bonitas, románticas y conmovedoras palabras, me besa con ganas, apasionadamente, pero sin perder ese toque de dulzura. Se sienta sobre el sofá, y yo me siento sobre él a horcajadas. Da pequeños mordiscos por mi cuello, los que poco a poco se convierten en besos y continúan bajando hasta mis pechos. Las manos de Dougie pronto se cuelan por debajo de mi blusa, y le detengo un instante. Le miro a los ojos. Él me imita.
-Te quiero. –susurro y poso mis labios sobre los suyos, lo que no se tarda en convertir en otro beso lleno de lujuria.
Y sin aviso previo, alguien abre la puerta. Dougie me empuja rápidamente contra el suelo, y él se levanta del sofá. Con una mirada llena de maldad, me incorporo rápidamente y me coloco el pelo.
-¡HOLA CHICOS! –Danny y su felicidad matinal aparecen por el umbral de la puerta. Aunque, pronto en su cara, aparece una sonrisa traviesa y divertida- ¿Y vosotros que estáis haciendo?
Dougie y yo nos miramos sin saber que decir. Pero daba igual nuestra explicación. Que él estuviera sin camiseta y mi blusa desabrochada enseñando el sujetador no ayudaba nada.
-Como se nota que Willy anda necesitado… -susurra Danny riendo.
-¿Qué? –pregunto algo sorprendida.
-Nada, nada… -ríe.
-Ya ya ya. No digas eso, que ya sé cuáles son tus intenciones, pecoso. –dice Dougie riendo y se tira a sus brazos.
-Oh, como se nota que somos tal para cual. Me lee la mente y todo. –Danny sonríe mientras le abraza- Pero tú conmigo, no quiero que te acerques a ninguna otra. Que como me entere de que andas tonteando por ahí con alguna que otra chica…
Esta vez mis ojos se abren como platos. ¡Será mamon! Como se nota que quiere mantenernos alejados en los próximos días, ir juntándonos poco a poco y en el séptimo día… ¡ZAS! Acabar juntos.
-¡O sea, ¿tú puedes estar con Geo y yo no puedo estar con la ena…?! -pero se calla a tiempo, para no cometer ningún error- Soy todo tuyo. –y con una sonrisa forzada se separa de él, y coge la camisa de cuadros roja que esta sobre la cama.
-Así me gusta… -susurra Danny riendo en bajo, y nuestras miradas se encuentran. La de él, divertida. La mía, furiosa, lo que le hace extrañarse.
-Bueno chicos, ¿nos vamos ya? –pregunta Dougie cogiendo la pequeña maleta que contenía la ropa que le habíamos traído.
-Claro. –responde el pecas con una sonrisa.
Danny espera en el umbral de la puerta a que Dougie pase, y cuando me dispongo a pasar, se me pone delante.
-Jones, apártate y déjame pasar. –digo molesta.
-¿Cómo se pide?
-¿Por favor? –digo con retintín y más molesta que antes.
-Correcto. –y con una sonrisa victoriosa, se aparta de la puerta. Si no fuera porque es uno de mis mejores amigos y le quiero como tal, le quitaba esa sonrisilla estúpida de un guantazo, por apostar sobre mi relación.
Abandonamos la habitación, y veo como Dougie nos espera donde el ascensor con una sonrisa, la cual le devuelvo tímidamente. Danny extrañado, alterna su mirada entre nosotros dos.
-¿Y a vosotros que os pasa? –pregunta como si no le importara, pero se le nota que por dentro está rezando para que todo se mantenga como a ellos les parece, normal.
-Nada… ¿No puedo sonreírle a mi mejor amiga? –dice Dougie dando un paso hacia mi lado- ¿La que ha estado a mi lado en todo momento? –otro paso más- ¿La que me ha animado la estancia en el hospital? –nuestros cuerpos ya se tocan- ¿Mi enana favorita?
Finalmente, como si nuestra relación volviera a ser como la de hace unos años, Dougie me revuelve el pelo con una mano, y me pregunto dónde se encuentra la otra. Rápidamente encuentro la respuesta, ya que noto como, sin que Danny se de cuenta, la mete en el bolsillo trasero de mi pantalón.
Le empujo como si me hubiera molestado que hubiera revuelto mi pelo, y su mano abandona mi bolsillo trasero. Suspiro algo más tranquila y luego, le lanzo una mirada asesina. El ascensor no tarda en llegar y Danny, sin salir de su extrañez, es el primero que entra.
-La próxima vez, la manita quieta. –le susurro al oído.
-Ni que te hubiera molestado. –insinúa alzando las cejas.
-Idiota. –rio y entro en el ascensor.
Una vez dentro, presiono el botón de la planta baja y se hace el silencio. Alzó la mirada al techo, algo incomoda. Y disimuladamente, miro a Danny y Doug, que miran al techo y a sus playeros, respectivamente. Dirijo de nuevo mis ojos hasta la pequeña pantalla que indica por que piso vamos, la cual muestra que nos encontramos en la primera planta. Unos segundas más de incomodidad y… ya llegamos a nuestro destino.
Los tres salimos del ascensor, y nos dirigimos a la puerta trasera del hospital como habíamos quedado días atrás, para no llamar la atención y evitar la entrada llena de paparazis. Abro la puerta que por fin da a la calle y diviso el Mini azul eléctrico de Danny.
Nos acercamos hasta él, esperamos a que Danny saque las llaves y abre el maletero. Mete la maleta de Dougie, vuelve a cerrar el maletero y se apoya en él una vez esta cerrado.
-¿Dónde os vais a sentar?
Dougie y yo nos miramos, con la misma respuesta en mente.
-Atrás. –respondemos los dos al unísono.
-¡No! –grita alarmado- Digo, ¡no! –exclama con menos fuerza que antes- ¡Que no quiero estar solito!
Seguidamente, coge a Dougie, el cual pone cara de extrañez fingida, lo que me provoca una risa. Y pasado esto, me siento en el asiento derecho de la parte de atrás a la vez que ellos se sientan en sus correspondientes asientos.
-Oye _____(tn), ¿no estarás más cómoda en el lado izquierdo? –pregunta Danny arrancado el coche al ver que me he sentado detrás de mi novio.
-No, estoy bien aquí. –sonrió consiguiendo que resople, rendido.
Cambia de marcha, coloca el espejo retrovisor y comienza a conducir. Durante todo el trayecto, ninguno habla. Ni siquiera Danny nos pregunta si ha pasado algo en el hospital mientras ellos no estaban allí o algo por el estilo. Apoyo la cabeza en el cristal, observando como aquel paisaje londinense lleno de edificios, tiendas, y lugares emblemáticos se quedan atrás, recordándome que ya queda poco para llegar a casa.
Y sin darme cuenta, paramos frente a una casa adosada, con un precioso jardín delantero, en el que se encuentra un camino de piedra que finaliza en las escaleras del porche de aquella casa color blanco, con el tejado rojizo por las tejas. Ya habíamos llegado a la casa de los chicos.
-¡Ya hemos llegado! –anuncia Danny aparcando el coche. Con las mismas, sale del Mini y nos advierte-No tardéis mucho. Tom ya está haciendo la comida.
Dougie me mira por primera vez desde que entramos en el coche, con la misma expresión que tengo en el rostro, al ver que Danny ha sido demasiado serio. Unos segundos más tarde, Dougie se dispone a salir del coche, pero le detengo cogiéndole del brazo.
-¿Unas últimas palabras antes de fingir que estas soltero y entero? –pregunto sonriendo.
-Que esto va a ser bastante gracioso. –ríe, pero inmediatamente, su cara adopta una expresión bastante seria- Pero un error.
Muerdo mi labio inferior, culpable de que tengamos que fingir. Luego, bajo la mirada. Pero me convenzo de que no es culpa mía, sino de esos tres tontos que me han hecho llegar a esto.
-¿Y tus últimas palabras? –levanto la mirada. Esta vez, Doug sonríe.
-Lo mío palabras, palabras no son… -susurro sonriendo de lado y aproximo mis labios a los suyos. Siento como debajo de la blusa se me eriza la piel, y no precisamente por el frio. Rozo los labios de Dougie, el que se encarga de convertir ese simple roce en un beso y sin que se lo espere, me separo. Abro la puerta del coche, salgo por ella y me dirijo hasta la puerta. Llego hasta esta, y antes de entrar, vuelvo mi mirada atrás- ¿¡Vienes, enano!? –grito sonriendo.
Dougie me mira sin salir de su asombro, y asiente. Vuelvo la mirada al frente y entro por la puerta, percibiendo aquel aire acogedor y feliz que hacia única a aquella casa. Y no solo percibo aquello, sino que también un olor a comida ataca mi olfato, y la boca se me haga agua. Como echaba de menos la comida de Tom…
-¡¡Hola chicos!! –sonrío alegremente, anunciando que ya hemos llegado- Empieza el juego.